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Nuestra orden del Carmen tuvo su orígen hace ya muchos siglos. En el s. XII, gracias al Rey de Inglaterra, Ricardo Corazón de León, se recuperó las tierras de Palestina de manos de los musulmanes. Hacia el año 1191, unos hombres ansiosos de vivir soledad y retiro se instalaron en el valle del Wadi-es-Siah del “Monte Carmelo”, lugar donde según la tradición bíblica vivió el profeta Elías (874 a. C.) En este profeta se inspiran para vivir la soledad y el retiro.

Poco a poco se fueron juntando más ermitaños, y entre 1206 – 1214 se reunieron y pidieron al entonces patriarca de Jerusalén, Alberto, les diera una regla por la cual pudieran organizar su vida. De esta manera surgió la Orden del Carmen. Convivieron bajo una primera regla dada por San Alberto, que luego sería retocada por el Papa Honorio III (1226). La regla subrayaba vigorosamente el carácter de soledad y de huída del mundo del modelo de vida monástica: los monjes debían vivir en celdas separadas, bajo obediencia, castidad y pobreza, en silencio, oración, ayuno ... Un planteamiento que se ha mantenido en los rasgos fundamentales de la espiritualidad de la orden.

En el mismo siglo XIII muchos monjes huyeron a Chipre, Sicilia, Francia e Inglaterra a causa de los crecientes peligros de la invasión musulmana, mientras otros, intentaban sobrevivir en Tierra Santa.

Sin embargo, muy pronto, se formó una corriente en Inglaterra y en otras partes de Occidente que deseaba adaptar la orden a la realidad occidental, siguiendo el modelo de otras congregaciones religiosas como los franciscanos y los dominicos. De esta forma, se pretendía que los carmelitas pudieran abrir conventos en las ciudades y realizar trabajos pastorales. En 1247 el Papa Inocencio IV aprobó este cambio de estilo de vida, aunque se abstenían de comer carne y continuaban guardando silencio, llevando un estilo de pobreza y sobretodo, una gran devoción a la Virgen María. Este amor mariano les valió a los carmelitas el aprecio de todos los pueblos donde estaban instalados y el reconocimiento oficial de la Iglesia Católica en 1286 por el Papa Honorio IV.

En el mismo siglo XIII, uno de los monjes carmelitas, San Simón Stock, recibe de manos de la mismísima Virgen María el escapulario, el símbolo de dicha congregación y del que ya hablaré más tarde. Es a partir de entonces cuando nace la imagen de la advocación de Nuestra Señora del Carmen: el Niño y la Madre aguantando el escapulario, la figura típica de dicha devoción mariana.

En los años 1434-1435, la regla sufrió una serie de cambios que fueron aprobados por el Papa Eugenio IV y que no gustaron a ciertos sectores de la orden. Para ellos, la nueva regla suavizaba la observancia más antigua y forzó a que en el siglo XV, Juan Sorteh (1451-1471) empezara a movilizar un nuevo movimiento que llevaría en 1593 a la ruptura de la orden carmelitana en dos bandos. De esta manera llegamos al siglo XVI, en esta época nos encontramos con Teresa de Jesús (1515-1582) y Juan de la Cruz (1542-1591), reformadores de la Orden. Teresa de Jesús era una monja de un monasterio de la ciudad de Ávila (España) llamado La Encarnación. Sentando allí, Dios le inspiró el deseo de cumplir plenamente con la Regla de la Orden del Carmen, de esa manera fundó el convento de San José en la misma ciudad, el 24 de agosto de 1562, Sin embargo no quiso que esta reforma sea tan solo para las monjas, sino que también de ella participen los padres del Carmen, de esta manera se puso a buscar frailes que quisieran embarcarse en esta aventura.

Cuando la madre Teresa fundaba su segundo monasterio en Medina del Campo, se encuentra con fray Juan de Santo Matía (luego de la Cruz) y lo gana para la reforma. Así el 28 de noviembre de 1568 se inauguró el primer convento de los frailes en un pueblito llamado Duruelo, recibiendo el nombre de Descalzos.

Es así como surgió la Reforma del Carmen, Con el correr de los años, esta Reforma se independizó de la Orden del Carmen y tomó el nombre de Hermanos Descalzos de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo (nombre que ostenta en la actualidad). Se inició un periodo de la expansión de la nueva Reforma continuada en los siglos venideros. Así en 1911 llegaron los padres al Perú provenientes de España. En Trujillo inauguramos la primera casa prontamente cubrimos con nuestro apostolado todo el valle Chicama (norte del país). La primera parroquia que se tomó fue la de Santiago de Caó, luego prosiguió la expansión de la Orden por la costa del Perú.

La orden femenina: las carmelitas. La orden nació en los siglos XIII y XIV, pero no se organizaron como comunidad hasta el 1450 cuando fundaron en Florencia (Italia) el Monasterio de Santa María de los Ángeles. Santa Teresa de Jesús impulsó en España una reforma en la congregación para llevar a cabo una vida de clausura estricta y de oración profunda. El 7 de febrero de 1562, la santa obtuvo autorización para la erección del Monasterio de San José de Ávila, que se abrió el 24 de agosto de 1562. En él, se siguió la observancia de la regla que ella consideraba "primitiva" y que fue aprobada por Inocencio IV en 1247. En la obra "Camino", escrita por Santa Teresa de Jesús, se destaca la forma de vivir de estas monjas:

"Deben ser capaces de vivir en soledad y estar abiertas a la intimidad con Cristo, buscando en la oración y en la mortificación", como participación activa en su pasión redentora".

Santa Teresa fundó 16 monasterios: Medina del Campo, Malagón, Valladolid, Toledo, Salamanca y Alba de Tormes de entre otros. A parte de San Juan de la Cruz, el Padre Gracián fue junto a Santa Teresa los impulsores de esta reforma femenina conocida también bajo el nombre de "Carmelitas Descalzas". El espíritu de Santa Teresa fue difundido fuera de España y se abrieron muchos conventos en diferentes países de Europa. De entre muchas monjas que formaron parte de las carmelitas descalzas cabe señalar a Santa Teresa del Niño Jesús, también conocida como Teresa de Lisieux (1873-1897) a Santa Edith Stein (1891-1942) a Santa Teresa de Los Andes (1900 – 1920)

Otras congregaciones: hay un gran repertorio en todo el mundo de grupos religiosos que siguen el espíritu carmelitano que realizan diferentes servicios en los pueblos donde residen, casi todo ellos dedicados a la educación, a los enfermos y a los marginados. Todas estas órdenes fueron fundadas por monjas, sacerdotes o religiosos. Mencionamos algunas: Carmelitas Misioneras de Santa Teresa, Hermanas Carmelitas Misioneras (Francisco Palau), Carmelitas del Sagrado Corazón de Jesús, Siervas de Santa Teresita, etc.

Vicariato Regional del Perú de la Orden Carmelita
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