|
10 de Marzo
San Juan
de Mata
Fundador
(año 1213)
Este santo es el fundador de la Comunidad de la Sma.
Trinidad, o Padres Trinitarios, que tiene 75 casas en
el mundo con 580 religiosos.
Nació en Francia, en los límites con España,
en 1160.
Durante sus primeros años se dedicó a
los estudios de bachillerato y a la equitación
y al deporte de la natación. Pero las dos actividades
que más le agradaban eran la oración y
el dedicarse a ayudar a los pobres. Frecuentemente se
retiraba a una ermita alejada del pueblo y allí
pasaba varios días dedicado a la meditación.
Su padre lo envió a París y allá
obtuvo el doctorado y luego fue ordenado sacerdote.
Las antiguas crónicas dicen que durante la celebración
de su Primera Misa tuvo una visión celestial:
vio a unos pobres cristianos prisioneros de los mahometanos
y con peligro de renunciar a su religión, y observó
cómo un religioso vestido de blanco y con una
cruz roja y azul en el pecho los libraba y los salvaba
de perder su fe. Con esto creyó sentir una invitación
celestial a fundar una comunidad para libertar cristianos.
Juan fue a consultar a San Félix de Valois,
que vivía retirado meditando y rezando y después
de varios días de rezar con él, le narró
la idea que tenía de fundar una comunidad de
religiosos para libertar cautivos. A San Félix
le pareció muy buena idea y los dos se fueron
a Roma a conseguir el permiso del Papa.
Inocencio III no era muy amigo de fundar nuevas congregaciones
religiosas pero las oraciones de estos dos santos lograron
la buena voluntad del Pontífice y les concedió
su aprobación. Juan fue consagrado obispo y a
los religiosos se les concedió un hábito
banco con una cruz roja y azul en el pecho. Superior
General de la Comunidad fue nombrado Juan de Mata.
El rey de Francia Felipe Augusto les concedió
autorización para conseguir fondos en favor de
los prisioneros, y así nuestro santo hizo varios
viajes al Africa a libertar cautivos.
Los piratas mahometanos llegaban a las costas españolas
y francesas y se llevaban prisioneros a todos los que
encontraban. Y había el grave peligro de que
aquellos pobres esclavos, en medio de tan terribles
sufrimientos, renegaran de su fe para que no los trataran
mal. Por eso San Juan de Mata se propuso rescatarlos.
En el año 1201 Juan de Mata y sus religiosos
lograron rescatar en Marruecos 186 prisioneros. Al año
siguiente en Túnez rescataron 110 prisioneros.
Por cada uno había que pagar una crecida suma
de dinero, y los Padres Trinitarios iban de ciudad en
ciudad y de campo en campo consiguiendo con qué
pagar el rescate de los pobres esclavos.
San Juan de Mata tuvo que sufrir mucho por parte de
los mahometanos que le tenían mucha antipatía
por los sabios consejos que les daba a los esclavos
cristianos para que no se dejaran quitar su santa religión.
Un día en que Juan volvía del Africa
con 120 prisioneros cristianos que había libertado
de la esclavitud de los musulmanes, un grupo de piratas
mahometanos asaltó su barco, destruyó
el timón y rasgó las velas (telas por
las cuales el viento empujaba la embarcación).
Los pasajeros creyeron que iban a naufragar en el mar,
pero el santo hizo unas nuevas velas uniendo los mantos
de todos ellos, y se puso a rezar, y así sin
timón, pero lleno de confianza en Dios, y suplicando
que Nuestro Señor hiciera de piloto, y colocándose
en la proa del barco con un crucifijo en las manos,
logró tener un próspero viaje y desembarcaron
sanos y salvos en Ostia (Italia).
Los últimos años los pasó en Roma
dedicado a la predicación y a conseguir ayudas
para los pobres y murió santamente en el año
1213.
Este santo se preocupó siempre de ocultar los
hechos más admirables de su vida. El cumplía
aquel antiguo principio: "Hay que amar el permanecer
oculto y el no ser conocido".
Un religioso de su comunidad, el Padre Juan Gil, recató
en 1580 a Miguel de Cervantes, autor del Quijote, que
estaba preso de los musulmanes desde 1575.
En el año 1660 la Santa Sede autorizó
el culto a San Juan de Mata, y hoy en día son
muchos los que en el mundo entero siguen recibiendo
de Dios el mismo llamamiento que él recibió
del cielo: ir a ayudar a los que sufren en cárceles
y prisiones.
Jesús prometió que en el día del
Juicio Final dirá a muchos de los que estarán
a su derecha: "Venid benditos de mi Padre, porque
cuando Yo estuve preso me fuisteis a ayudar. Todo lo
que hicisteis con los demás aun con los más
humildes, a Mí me lo hicisteis" (S. Mateo
35,40).
Fuente: EWTN
|